Ahora me encuentro en el laberinto, fríos muros y pasillos estrechos por los que he de caminar hasta morir.
Desconozco la inmensidad de este lugar, sólo se con total certeza, que más allá de sus fronteras, no hay nada, no hay nadie, tan sólo el vacío; y no porque tenga que ser así, sino, porque yo quiero que sea así.
En las paredes interiores de esta enredosa situación, se hallan colgados mis recuerdos, historias de un pasado en el que, siendo niño me atreví a soñar.
No es creáis, para aquellos que escuchen, que he estado en todos los rincones de este mundo mío; si que es cierto que cada deseo trazo su propio camino, mas ninguno de ellos me llevó al centro de este laberinto.
Pero, de repente, algo extraño ocurre, algo cambia en mi entorno; no puedo verlo pero lo siento, cada vez más fuerte, más intenso, que sensación tan fantástica. Está muy cerca de mi, a mis espaldas; ansioso doy la vuelta y… ahí están, justo en frente de mi, observándome, esos ojos, esa mirada tan dulcemente triste.
Durante un instante, en que el tiempo se para, ella me mira sólo a mi, a mis ojos, y es tal la quietud y la tranquilidad que incluso se oyen las acompasadas respiraciones de la multitud de helechos que tapizan el suelo. Que sentimiento tan maravilloso.
Pero… ¡no!, ella comienza a alejarse, me deja y a la vez se ríe; ¿acaso quiere que la siga?, o ¿tan solo se burla de mi?
Vuelve a mirarme mientras se aleja y me llama, si, me esta llamando. Torpemente doy los primeros pasos, ahora ya puedo caminar con más soltura y consigo ganar terreno, pero ella cada vez se aleja más.
Mis pasos se aceleran cada vez más, no puedo perderla, no quiero, y sin darme cuenta estoy corriendo, cada vez más rápido, a izquierda y a derecha, totalmente desorientado, tan sólo siguiéndola, a través de este frío laberinto entre estos tristes muros de los que cuelgan mis deseos.
No puedo correr más, el aliento me falta, los ecos de los latidos de mi corazón retumban sobre estas paredes atormentándome, pero tengo que seguir, tengo que lograr que se quede a mi lado o morir en el intento.
Ahora ella va más despacio, tal vez no quiera que la pierda; ya puedo respirar mejor pero se vuelve a alejar, la pierdo, no puedo ir más deprisa, ya no la veo, no la siento, no se donde está, todo a sido inútil.
Caigo de rodillas en el suelo maldiciendo, suplicando que ella vuelva, pero no ocurre nada.
Me tiendo en el suelo con la cara hacia las estrellas, preguntándolas por qué no se ha quedado conmigo, su única respuesta son unos débiles destellos que, tal vez, no signifiquen nada… ¿o tal vez si?
De pronto ella ha vuelto y mi agonía se disuelve, mi corazón vibra en mi pecho y ahora, su sonido es suave y calido.
Me incorporo y ante nosotros se abre un pasadizo secreto, ¿cómo he podido no darme cuenta de que la puerta a la felicidad estaba tan cerca? Pero eso ya no importa porque ahora estoy cruzando su umbral con ella a mi lado, y se que, por fin, voy a llegar al centro de mi mundo, ese lugar fascinante con el que tantas veces eh soñado en este sueño que es la vida, como alguien dijo.
Me quedo atónito cuando, de repente, veo aparecer ante nosotros un precioso bosque lleno de vida y de armonía entre todos y cada uno de sus habitantes, un bosque en el que solo faltamos ella y yo.
Nos hemos internado en el bosque, hemos caminado entre los árboles, nos hemos bañado en las inmaculadas aguas de sus lagos, nos hemos saciado con sus frutos y nos hemos amado.
Ahora, tendidos en un claro, miramos juntos la luna llena y mientras nos abrazamos yo pienso que teniéndola a ella en el centro de mi laberinto, poco importa lo que haya más allá.
Si alguien siente curiosidad por saber que hay más allá de los muros, qué es esa “nada” a la que me refería, le diré que es mi vida real, no mi laberinto de sueños e ilusiones.
Una vida en la que tengo pocas cosas por las que ser amado y muchas cosas a las que amar, y una de ellas es esa mirada de mis sueños.
Por mi parte seguiré caminando miles de veces por mi laberinto, siempre junto a ella, hasta encontrar nuestro bosque, y, por unos instantes, sentirme la persona más feliz del mundo, sabiendo que al despertar sólo me quedara la esperanza de que llegue la noche.
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1 comentario:
Es curioso lo que todas solemos sentir después de una ruptura, lo curioso es que suelen ser las mismas cosas que experimentamos cuando nos enamoramos, es muy muy curioso no?: Lo único que cambia es la sensación que te produce pensar en ELLA:
La ves en todas las caras que ves a lo largo del día, la oyes en todas las palabras que se dice todo el mundo, la hueles en los rincones que recorres de las calles, la sueñas, la sientes porque todo te recuerda a ella. La llevas incrustada en el pensamiento en ambos casos.
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