Sombras de medianoche, sombras sin luces, tras cada esquina de la vida; apenas tenues rayos de luz surcan lentamente el aire, apenas hay ilusiones que perseguir, y cada paso es más pesado que el anterior, y cada día levantarse duele más y cada día preferiría no despertar.
No hay luces al final de este túnel, solo sombras, sombras de medianoche, lóbregas y eternas; sombras que todo lo esconden, que todo lo inundan; y así el último rincón de mi alma llora, desconsolada, por el camino que le ha tocado andar.
Y en las ruinas de mi ser, ninguna ventana mira al mar, que en ocasiones no hay futuro, que el pasado no deja de pesar, y el presente se escapa entre cada lágrima que vuelvo a derramar; que en las ruinas de mi ser, solo escucho el llanto del violín, que al fundirse con el mio, nubla el cielo, y en esta estancia sin techo, la tormenta ha de ser el refugio que en el corazón anhelo.
